El anarquista enamorado, 6: La exposición de arte a la que no quiso ir El Druida

Texto publicado en ÇhøpSuëy el 22 de abril de 2015

Frente al espejo al final del pasillo se puso su americana marrón, la de ligar, dijo su típico “It’s showtime!” como hacía Roy Scheider en All That Jazz y salió de casa hacia la galería de arte donde inauguraba una exposición el pintamonas del cuñado de su amiga Ana, de quien esa misma mañana había recibido tres mil mensajes llenos de “porfa, porfa, ven” con docenas de emojis de cacas y flamencas entre medias. Aunque tangencialmente era del mundillo y seguro que conocía a casi todos los asistentes, en este tipo de eventos siempre se sentía tan perdido e incómodo como Peter Sellers en El Guateque, pero se iba a acercar porque siempre había sido incapaz de decir que no a una mujer y menos a Ana, a quien conocía desde el día en que Tassotti le rompió la nariz a Luis Enrique y tuvieron que salir corriendo de Bodegas Rivas, donde estaban viendo el partido apretados como sardinas en lata, en pandillas separadas pero con algún contacto en común, para que no les pegara un sopapo un energúmeno enfurecido tras descubrir que estaban descojonados brindando a la salud del romano en la barra del bar.

El plan estaba bien, tomar unos vinos y ver algo de pintura con Ana, aunque ponían Stress es tres, tres en 8madrid TV esa noche y quería volver a verla. A pesar de ser mucho más refractario a estos eventos aún que él, esperaba que estuviera Miguel, a quien sus colegas de la facultad llamaban El Druida, quien había sido el nexo de unión entre los dos grupos de amigos de aquel partido de la Selección y que se había casado con Ana al cabo de varios años. 

Seguir leyendo en ÇhøpSuëy.

El hombre perdido, Ramón Gómez de la Serna (Editorial Poseidón, Buenos Aires, 1947)

Texto publicado en ÇhøpSuëy el 19 de abril de 2015

Un año antes de que Ramón publique Automoribundia, la mejor autobiografía de la historia de la literatura, se edita El hombre perdido, que es la mejor novela escrita en español en el siglo veinte, aunque ambos libros en realidad sean uno.

Es fácil imaginarse a Ramón escribiendo Automoribundia de noche en su despacho en Buenos Aires mientras se proyecta astralmente y vaga por la ciudad buscándose a sí mismo, viviendo su novela entre nieblas y mujeres, buscando refugios donde pasar las noches, discutiendo con berenjenas, huyendo con humor de su cáncer y de sus tristezas, de sus miedos. Con el mapa en blanco, como todo hombre perdido.

El hombre perdido es “el café al que ir cuando nos horrorizan todos los cafés”. Háganse el favor de leerla si se la cruzan, que Ramón y esta novela lo merecen.

El almendro y la espada

Texto publicado en ÇhøpSuëy el 7 de enero de 2015

El almendro y la espada

Mi memoria de berberecho hace que no recuerde la causa por la cual comencé a colaborar en el desaparecido y espectacular blog La biblioteca fantasma. Imagino que fue esa indiscreta llamada Twitter la causa, aunque más que la red del pajarraco azul, ésta sería mejor los gustos literarios que comparto con el autor. Alguno de los dos comentaría algo sobre Mauricio Amster, Helios Gómez o alguien por el estilo y tras un intercambio de banderines del tipo Hércules-Botafogo en algún torneo veraniego acabé escribiendo para él de libros, que son de las pocas cosas que me gustan de verdad en este mundo, aunque últimamente esté en una sequía lectora alarmante. Sin mucho que aportar a la temática principal del blog escribí un par de pequeños textos sobre dos de mis manías librescas: El ilustrador Pierre Le-Tan, de quien hablé sobre un libro de dibujos de París con prefacio de Modiano, y Galicia, reseñando en este caso una vieja novela de contrabandistas fronterizos de los años cuarenta, libro del que mi padre me había hablado millares de veces. Escribí un tercer texto sobre un poemario de Foxá, menos personal que los dos primeros, ya intentando escribir de libros y no de mí, pero el blog se cerró cuando mis cuartillas estaban en imprenta y quedaron desde ese día hibernando en Google Drive hasta que la sequía antes mencionada ha terminado extendiéndose de mis ojos a mis dedos y ahora también ando de huelga de bolis caídos.

Seguir leyendo en ÇhøpSuëy.

Bread & Butter 2015

Texto publicado en SPEND IN en octubre de 2014

Al final la famosa feria de moda urbana Bread & Butter ha decidido permanecer un año más en la moderna Berlín cuando aquí estábamos ilusionados con que volviera a nuestra no menos moderna Barcelona. Pero bueno, mientras los organizadores recapacitan iremos sacando nuestro billete hacia la capital alemana para el próximo enero, que visitar esa ciudad siempre es un placer.

“Moda urbana” es un concepto un tanto difuso -algo tan siglo veintiuno- que engloba ropa deportiva, denim, moda casual, tendencias callejeras o ropa funcional, en fin, quizá el resumen pueda denominarse “lujo deportivo”, tal y como cantaban las legendarias Les Biscuits Salés barcelonesas en aquella obra maestra de hace diez años llamada Ese pedazo de onda.

Seguir leyendo en SPEND IN.

Kelvingrove. Art Gallery & Museum

Texto publicado en SPEND IN en octubre de 2014

De entre los interesantes museos que alberga la ciudad de Glasgow quizá el Kelvingrove Art Gallery & Museum sea el mejor de todos, el que más atractivos posee. Rodeado en parte trasera por el río Kelvin que serpentea por el Kelvingrove Park, el edificio de ladrillo rojo del museo es imponente lo veas desde donde lo veas, y al revés que la mayoría de los museos del siglo veintiuno su interior, su colección, es también soberbia, destacando el que sea quizá el cuadro más famoso de Salvador Dalí, el Cristo de San Juan de la Cruz, pintado en 1951 y comprado por la ciudad de Glasgow en 1952. Pero estamos en Escocia, en Glasgow, por lo que realmente hay que ver en el museo son las salas dedicadas a Charles Rennie Mackintosh, máximo exponente del Arts and Crafts, nombre del modernismo británico, y del que hasta hace poquísimo se podía visitar en la ciudad una de sus obras maestras, la biblioteca de la Glasgow School of Arts, que lamentablemente ardió parcialmente este año 2014 y en estos momentos está cerrada al público mientras se estiman los daños de esta joya absoluta de la arquitectura y el diseño, una de las bibliotecas más bonitas del mundo. Porque quizá lo más interesante siempre de estos museos regionales es el poder descubrir cosas locales como Mackintosh, porque aunque el arquitecto escocés sea muy conocido, poder ver su obra in situ es algo inolvidable.

Seguir leyendo en SPEND IN.

Verdadera biografía de Claudino

Texto publicado en ÇhøpSuëy el 15 de octubre de 2014

claudino

Ramón Gómez de la Serna escribió las mejores biografías que se han escrito nunca en nuestro idioma con su divina verborrea y unas pocas anécdotas de las personas a las que quería homenajear en sus libros. En realidad eran autobiografías simuladas, ya que Ramón hablaba siempre sobre él, un poco como hacemos todos, solo que el madrileño batió el récord del mundo al hacerlo a lo largo de los millones de libros que escribió. Por otro lado, las revistas del corazón más clásicas, como Heart and Lung, Qué me dices!, JAHA o la Maribel que usaba la madre-cloaca de Martín del Castillo como Crítica de la razón pura, se inventan prácticamente todo lo que dicen de las personas que salen en sus páginas; se podrían escribir delirantes biografías de cualquier famoso con datos sacados de ese tipo de publicaciones. Luego, y en el fondo quizá no tan lejanas a las anteriores, están las biografías serias que se marcan tranquilamente capítulos de treinta y siete páginas en los que únicamente se analizan las carcomidas facturas de la leña y de pigmento verde que pagó El Greco en octubre de 1604, encontradas por el autor en un archivo de Benalmádena. En fin, no sabemos nada de nadie; ya lo decía Cristina Lliso: Así que le hablé de mí mientras bailaba, de lo poco que sé de mí.

Con estas excusas de arriba me parece que escribir una biografía de mi vecino Claudino contando solamente tres anécdotas de su vida, en las que además él no es más que un figurante…

Seguir leyendo en ÇhøpSuëy.

The Armoury

Texto publicado en SPEND IN en octubre de 2014

Dos tiendas en Hong Kong y una en Nueva York son por ahora el resultado de la desbordante pasión por el buen vestir en el hombre de tres jóvenes que hace cinco años en Hong Kong decidieron abrir una tienda en la que encontrar todo lo que querían para ellos. The Armoury se llama la por ahora pequeña cadena y en ella se pueden encontrar las mejores prendas de vestir y complementos masculinos con la única condición de que sean hechos a mano y con la mejor calidad en materias primas y finalizados. Para conseguir este objetivo los fundadores de la tienda han rastreado a conciencia nuestro pequeño mundo en busca de artesanos con los que trabajar, personas que en sus empresas sigan con la tradición en la fabricación de ropa masculina, que hagan con sus manos sus propios productos, con la calidad posible, un diseño perfecto y estilo intemporal.

The Armoury viste al hombre moderno de pies a cabeza gracias a esa exquisita selección mundial de marcas que han fichado, desde los zapatos mallorquines Carmina, la marca creada por los zapateros Albaladejo, cuyos famosos zapatos en cosido goodyear se venden en tiendas de lujo de todo el mundo por la coherencia y perfección de su acabado. Siguiendo por los pies, en la tienda también se pueden encontrar las clásicas zapatillas o slippers de Bowhill & Elliott, que llevan haciéndose en Norwich desde hace 135 años y que en The Armoury se pueden customizar en el color de terciopelo que se desee.

Seguir leyendo en SPEND IN.

Eccellenza Moorer

Texto publicado en SPEND IN en octubre de 2014

Las generalizaciones siempre traen problemas y al igual que hace unos años se nos distinguía a los españoles en cualquier lugar del mundo por nuestros impermeables verdes de ir a cazar patos, a nuestros queridos hermanos italianos desde hace un tiempo se les distingue en la lontananza por el plumífero que llevan con su natural elegancia. Y aunque ni todos aquellos cazadores urbanos éramos españoles ni todos los que visten un plumas son italianos sí que en muchos casos la distinción era correcta. Dando otra vuelta a este absurdo ¿Dónde está Wally? en el que me he metido y poniendo a cada país en una rueda de reconocimiento, ¿hubiéramos sido capaces de distinguir un español elegante de uno que no lo era? Sí, por la marca de su impermeable verde, que era Barbour. ¿Y al italiano? Por supuesto, si el transalpino sabe lo que es vestir bien y con calidad es que su plumífero es un Moorer, aunque uno no se compra una chaqueta de esta marca tan exclusiva para que le señalen por la calle por su elegancia, a no ser que quien le señale sea una bella dama a la que invitar a un bellini; no, uno se gasta, o mejor, invierte su dinero en un Moorer para tener el abrigo perfecto, para sentirse bien con uno mismo, cómodo y, por supuesto, para estar bien abrigado.

Moreno Faccincani, fundador de Moorer, tuvo claro desde siempre lo que quería hacer, aprender en el negocio familiar hasta lanzar su propia marca, y eso hizo, primero con Feyem y luego con Jan Mayen Arctic hasta llegar a Moorer su, por ahora, estación final con la que ha logrado el éxito de lo bien hecho, abrigos de alta tecnología, comodidad y belleza o, en palabras del mismo Faccincani, “los plumíferos Moorer son piezas de sastrería: juntan máxima calidad y confort en prendas elegantes que están hechas con los mejores materiales del mercado y prestan gran atención a los detalles”. Este detallismo en el acabado…

Seguir leyendo en SPEND IN.

Sociedad Bilbaína. 175 años

Texto publicado en SPEND IN en septiembre de 2014

Por muchas veces que se hayan leído las novelas de Baroja y Unamuno ambientadas en las Guerras Carlistas es difícil imaginarse el Bilbao de hace 175 años, además de que las novelas de ambos genios no van tan atrás en el tiempo y se quedan treinta años después, en la Tercera Guerra; aunque a nuestros ojos dos siglos posteriores mucha diferencia no haya entre ellas. Nada más y nada menos que en 1839 un grupo de vecinos de la capital vizcaína decidió buscarse un lugar de esparcimiento a imagen y semejanza de los ya conocidos clubes ingleses y crearon la Sociedad Bilbaína, un lugar suyo y acogedor donde leer, conversar, jugar a las cartas y al billar. Lo dice bien claro el primer punto de los estatutos de 1839: “La Sociedad tiene por objeto la lectura y el recreo”. Y cumpliendo esa máxima siguen casi siglo y medio después, fomentando la cultura y el ocio en su ciudad. Máximo de Aguirre, principal impulsor de la Sociedad, estaría sin duda orgulloso de su obra, porque ya con cerca de dos siglos de existencia ésta continúa siendo un centro de recreo y esparcimiento donde prima la bilbainidad y la convivencia. Germán Barbier, actual Presidente dice lo mismo con otras palabras al proclamar que “como bilbaíno supone un orgullo presidir una institución tan bilbaína como lo es nuestra Sociedad. Pero lo que más me supone es responsabilidad: responsabilidad por dar continuidad y relevancia a una institución tan nuestra y responsabilidad por acertar en los cambios que obvia e ineludiblemente debe afrontar nuestra Sociedad”.

Inquietos y modernos, se ponen manos a la obra, si llega el alumbrado de gas a Bilbao, al año siguiente ya lo tienen instalado en el edificio de la plaza Nueva, donde tuvo su sede la Sociedad Bilbaína sus primeros cien años de vida. Curiosamente, en un principio en los salones del centro únicamente se podía beber y los socios tuvieron que esperar veinte años para que se pudiera comer en el restaurante; a partir de ahí han sido fieles a la gastronomía, cultura tan arraigada desde siempre en el Muy Noble y Muy Leal Señorío de Vizcaya, organizando todos los años la serie Grandes Maestros de la Cocina, donde cada encuentro invitan a un restaurante de reconocido prestigio de la nacional o internacional para presentar a los socios lo mejor de su repertorio culinario.

Seguir leyendo en SPEND IN.

De pintura: Ignacio Goitia

Texto publicado en SPEND IN en septiembre de 2014

Del pintor bilbaíno Ignacio Goitia podrán decirse infinidad de cosas buenas y también algunas malas pero lo que está claro es que desde pequeño ha sabido lo que quería hacer de mayor, ser pintor y dedicar su vida al arte, “durante los años del colegio ya tenía claro que quería estudiar Bellas Artes, incluso a veces sentía que todo ese tiempo de infancia y adolescencia no era más que un mero trámite para llegar por fin a la universidad donde me dedicaría a estudiar y aprender todo aquello que realmente me apasionara”. Esto es lo que se llama tener vocación.

Y eso hizo sin dudarlo dos veces, pintar, aunque primero cometió los típicos deslices de los artistas contemporáneos y se olvidó de dibujar para trabajar “con distintos soportes, lonas de toldos de colores, planchas de hierro, tablas de madera vieja o telas de lino” haciendo una especie de expresionismo lleno de “brochazos, chorretones y dripping”, que vemos parecido por todos lados en la actualidad, hasta que se cansó “de tanto manchón y chorretón y preferí centrarme en perfeccionar la técnica tradicional, ya que entendí que dominándola tendría más libertad para pintar y dibujar lo que quisiese” y se fue a los orígenes de todo, a Italia, a aprender de los clásicos, esto es, de los pintores de verdad.

Seguir leyendo en SPEND IN.