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El asesinato de Baroja, 3. Reacciones

Texto publicado en ÇhøpSuëy el 24 de octubre de 2016

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La tarde del día 23 de julio de 1936, un día después de morir Baroja asesinado a manos de los sublevados, se publica en Burgos el comunicado oficial sobre el “fortuito” fallecimiento del novelista, como se relataba en el capítulo anterior de esta serie. Al día siguiente prácticamente todos los periódicos del mundo informan sobre el suceso. Ante la imposibilidad de hacer un listado completo de personas y publicaciones que en esos días se hicieron eco del crimen, este tercer capítulo de la serie mostrará a través de varios de los momentos más conocidos de la Guerra Civil cómo la sombra de Baroja sobrevoló cada uno de esos instantes, provocando distintas reacciones según los protagonistas fueran amigos o no del donostiarra. Para intentar cuadrar correctamente la narración de este episodio nos hemos apoyado en diversas ocasiones en la obra maestra de Andrés Trapiello, “Las armas y las letras” (Barcelona, Planeta, 1994).

La primera reacción que traemos es la del gran enemigo literario de Baroja, Unamuno, sucedida ésta a los tres meses del crimen sobre el que tratamos, meses en los que el filósofo bilbaíno es destituido por Azaña de sus cargos en la Universidad de Salamanca y repuesto en ellos a los pocos días por Franco. La respuesta de Unamuno ante la muerte de Baroja ha quedado bastante olvidada para la historia, oculta por la ocasión en la que se produce, durante la legendaria trifulca entre Unamuno y el General Millán Astray en la celebración del 12 de Octubre en Salamanca. La historia es de sobra conocida: tras varios oradores, entre los que está el General, habla el escritor, que irritado defiende el humanismo frente a la barbarie; a mitad de su discurso es interrumpido por el General y un público trufado de falangistas que le abuchea…

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El asesinato de Baroja, 2. Primeras noticias

Texto publicado en ÇhøpSuëy el 14 de septiembre de 2016

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El primer episodio de este relato del asesinato de Pío Baroja lo terminamos con los fogonazos de la pistola del requeté Juan Mendizábal que acabaron con las vidas del escritor y sus dos amigos. Eran las siete de la tarde del día 22 de julio de 1936, hacía calor, empezaba a caer la tarde y a rondar la Guerra Civil en el Alto Bidasoa navarro.

Pocos minutos después, a escasos metros de donde yacen desangrándose los tres cadáveres, siguen pasando los vehículos de la columna del coronel Ortiz de Zárate, que en el caos del momento, entre el ruido de los motores y los disparos al aire por parte de algún soldado eufórico, lo hacen sin darse cuenta de lo que pasa al otro lado de los coches estacionados, por lo que ninguno para a ver lo sucedido. Acompaña aquí a la milimétrica reconstrucción de Miguel Sánchez-Ostiz uno de los dos únicos relatos de primera mano de los hechos, el realizado por uno de los requetés presentes, Julio Anguita. Muy enfermo, Anguita quiso contar su versión de los hechos tras décadas de silencio y concedió una entrevista a César González-Ruano (Madrid, Blanco y Negro, 28 de enero de 1962, pág. 32-36), conversación que fue la que acabó con la patraña oficial del accidente-confusión y sacó a la luz la verdad de lo ocurrido, además de poner nombre y apellidos al ejecutor, lo que provocó una intensa polémica en la España de aquellos años.

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El asesinato de Baroja, 1. El crimen

Texto publicado en ÇhøpSuëy el 25 de julio de 2016

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El próximo día 22 de julio se cumplen ochenta años del asesinato de Pío Baroja, cuya muerte nada más iniciarse nuestra última guerra civil, la de 1936, es la que más ha dado que hablar de entre todas las que sucedieron durante los tres años que duró la Guerra, seguida muy de cerca por la de Federico García Lorca, ocurrida un mes después de la del novelista vasco.

Resumiré en varios capítulos lo que supuso aquel crimen para la España de aquellos años, los que duró la Guerra y los inmediatamente posteriores, con las distintas interpretaciones que hubo del asesinato por parte de ambos bandos, hasta llegar a nuestros días en los que Baroja y su muerte siguen estando presentes a diario en nuestras vidas.

Para conocer las andanzas del escritor en esos días inmediatamente anteriores a su muerte nada mejor que seguir el magnífico libro de Miguel Sánchez-Ostiz “Tiempo de tormenta” (Pamplona, Pamiela, 2007), quien por lo perfecto del relato da la impresión de haber ido tras el novelista con un mapa y un cronómetro, aunque también nos dejaremos guiar en otros momentos por el clásico “Los Baroja” (Madrid, Taurus, 1972) de Julio Caro Baroja, sobrino de Baroja y uno de los protagonistas principales de los hechos.

En este primer capítulo llegaremos únicamente hasta el asesinato, hecho conocido por todos, y lo haremos mediante un centenar de rápidos fogonazos hasta que lleguemos a los mortales que escupió la pistola del requeté Juan Mendizábal aquella calurosa tarde de julio.

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Regreso a Jurelandia

Texto publicado en ÇhøpSuëy el 8 de junio de 2016

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El sábado 21 de mayo se celebró el Día Mundial de la Migración de los Peces, que los ingleses pronuncian WFMD -no confundir con la conocida onomatopeya que usan los dibujantes de tebeos lituanos cuando muestran a alguien que intenta hacer un globo con un chicle- y desde esta su revista que tanto les aprecia felicitamos a todas las sardinas en aceite, en escabeche y de chocolate en su día grande. Para celebrar este World Fish Migration Day vamos a ocuparnos brevemente, como si nos paseáramos por un museo de filatelia, de los más curiosos casos de migraciones acuáticas de esos entrañables animales con escamas y branquias llamados peces. Porque los peces son animales, por mucho que los crueles vegetarianos-pescatarianos los traten como si no lo fueran y los devoren. No sé qué tendrán que decir sobre esta desustanciación los alegres chicos del PACMA.

Igual que los siempre talluditos miembros de un sindicato de estudiantes, los osos de Alaska esperan pacientemente con la boca abierta a que la comida les caiga en sus fauces sin tener que hacer nada…

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Biografía falangista de la calle de Ibiza de Madrid

Texto publicado en ÇhøpSuëy el 19 de octubre de 2015

Calle IbizaLa única de las placas de homenaje que hay en la calle de Ibiza de Madrid que no es de un intelectual falangista -¿oxímoron o no?- es la de Plácido Domingo, aunque al haber tenido el honor de cantar el Himno del Centenario del Real Madrid C. F. pueda calificarse sin problemas al tenor madrileño como facha, ya que la merengada, como todos sabemos, somos la mayor consumidora de camisas mahón del orbe, según el oficialismo de bicicleta y calimocho de hoy en día. Exactamente son cuatro de cinco, a saber: Agustín de Foxá, Ibiza 1; Carlos Ollero, Ibiza 6; Dionisio Ridruejo, Ibiza 33; y Adriano del Valle, Ibiza 34, que comparte portal con la del cantante; a las que habría que añadir la placa aprobada pero no colocada a Leopoldo Panero en Ibiza 35, por lo que en realidad serían cinco de seis.

Escribo esto con toda la rapidez que me permiten mis manos de diez pulgares porque quiero que estas líneas se publiquen, si los supertacañones de ÇHØPSUËY tienen a bien subirlas a su seguro servidor, antes de que las patrullas de las buenas maneras de nuestra provecta y entrañable alcaldesa retiren todas estas placas de la calle y le dejen más vacía que las estanterías de un supermercado de la Caracas bajo la bota chandalista de los últimos años.

Se me escapa la razón por la que todos estos vencedores acabaron viviendo en un barrio que, tras la Guerra Civil, era más un suburbio que otra cosa, no en vano la primera casa donde vivió mi padre tras llegar a Madrid de Galicia a buscarse la vida a comienzos de los años cincuenta estuvo en los primeros números de Sáinz de Baranda…

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Deconstruyendo el sulfato atómico

Texto publicado en ÇhøpSuëy el 19 de julio de 2015

Deconstrucción 1. Nadie sabe qué es deconstruir y yo tampoco. Para mí es romper una narración y montarla de otra manera, que normalmente es absurda pero el que la hace se cree el amo del mundo. La gran deconstrucción es la organización desde hace unos años de la colección de la Tate, donde ahora es más importante ser mujer, pintar cuadros morados o ser de Túnez que apellidarte Picasso. Gracias a ello, para colocar una sala con cuadros en los que salga una mosca sean del estilo que sean, del autor que sea, e incluso de la calidad que sea, nos hurtan —a cambio de inflar el ego del curador que cambia la narración canónica— las docenas de obras maestras de, por ejemplo, Matisse que atesora el museo londinense.

Deconstrucción 2. La estadística es otra manera de deconstruir, el fijarse más en los números sin alma para valorar algo que en lo que de verdad trata lo que estás viendo o haciendo. Ejemplo: la mitificación de la posesión en el fútbol. El sulfato atómico es la primera historieta larga de Mortadelo y Filemón y, quizá por ello, el agente de información vestido de negro que tanto ha inspirado el outfit de Karl Lagerfeld solamente se disfraza doce veces en las cuarenta y seis páginas que tiene la narración (troglodita, bocadillo, avestruz, militar, albañil, indio, sij, músico, pescador, atleta, armadura, yogui, otra vez atleta, árbol y de nuevo troglodita) estando en dos ocasiones seis páginas sin disfraz. Increíble.

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El anarquista enamorado, 6: La exposición de arte a la que no quiso ir El Druida

Texto publicado en ÇhøpSuëy el 22 de abril de 2015

Frente al espejo al final del pasillo se puso su americana marrón, la de ligar, dijo su típico “It’s showtime!” como hacía Roy Scheider en All That Jazz y salió de casa hacia la galería de arte donde inauguraba una exposición el pintamonas del cuñado de su amiga Ana, de quien esa misma mañana había recibido tres mil mensajes llenos de “porfa, porfa, ven” con docenas de emojis de cacas y flamencas entre medias. Aunque tangencialmente era del mundillo y seguro que conocía a casi todos los asistentes, en este tipo de eventos siempre se sentía tan perdido e incómodo como Peter Sellers en El Guateque, pero se iba a acercar porque siempre había sido incapaz de decir que no a una mujer y menos a Ana, a quien conocía desde el día en que Tassotti le rompió la nariz a Luis Enrique y tuvieron que salir corriendo de Bodegas Rivas, donde estaban viendo el partido apretados como sardinas en lata, en pandillas separadas pero con algún contacto en común, para que no les pegara un sopapo un energúmeno enfurecido tras descubrir que estaban descojonados brindando a la salud del romano en la barra del bar.

El plan estaba bien, tomar unos vinos y ver algo de pintura con Ana, aunque ponían Stress es tres, tres en 8madrid TV esa noche y quería volver a verla. A pesar de ser mucho más refractario a estos eventos aún que él, esperaba que estuviera Miguel, a quien sus colegas de la facultad llamaban El Druida, quien había sido el nexo de unión entre los dos grupos de amigos de aquel partido de la Selección y que se había casado con Ana al cabo de varios años. 

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El hombre perdido, Ramón Gómez de la Serna (Editorial Poseidón, Buenos Aires, 1947)

Texto publicado en ÇhøpSuëy el 19 de abril de 2015

Un año antes de que Ramón publique Automoribundia, la mejor autobiografía de la historia de la literatura, se edita El hombre perdido, que es la mejor novela escrita en español en el siglo veinte, aunque ambos libros en realidad sean uno.

Es fácil imaginarse a Ramón escribiendo Automoribundia de noche en su despacho en Buenos Aires mientras se proyecta astralmente y vaga por la ciudad buscándose a sí mismo, viviendo su novela entre nieblas y mujeres, buscando refugios donde pasar las noches, discutiendo con berenjenas, huyendo con humor de su cáncer y de sus tristezas, de sus miedos. Con el mapa en blanco, como todo hombre perdido.

El hombre perdido es “el café al que ir cuando nos horrorizan todos los cafés”. Háganse el favor de leerla si se la cruzan, que Ramón y esta novela lo merecen.

El almendro y la espada

Texto publicado en ÇhøpSuëy el 7 de enero de 2015

El almendro y la espada

Mi memoria de berberecho hace que no recuerde la causa por la cual comencé a colaborar en el desaparecido y espectacular blog La biblioteca fantasma. Imagino que fue esa indiscreta llamada Twitter la causa, aunque más que la red del pajarraco azul, ésta sería mejor los gustos literarios que comparto con el autor. Alguno de los dos comentaría algo sobre Mauricio Amster, Helios Gómez o alguien por el estilo y tras un intercambio de banderines del tipo Hércules-Botafogo en algún torneo veraniego acabé escribiendo para él de libros, que son de las pocas cosas que me gustan de verdad en este mundo, aunque últimamente esté en una sequía lectora alarmante. Sin mucho que aportar a la temática principal del blog escribí un par de pequeños textos sobre dos de mis manías librescas: El ilustrador Pierre Le-Tan, de quien hablé sobre un libro de dibujos de París con prefacio de Modiano, y Galicia, reseñando en este caso una vieja novela de contrabandistas fronterizos de los años cuarenta, libro del que mi padre me había hablado millares de veces. Escribí un tercer texto sobre un poemario de Foxá, menos personal que los dos primeros, ya intentando escribir de libros y no de mí, pero el blog se cerró cuando mis cuartillas estaban en imprenta y quedaron desde ese día hibernando en Google Drive hasta que la sequía antes mencionada ha terminado extendiéndose de mis ojos a mis dedos y ahora también ando de huelga de bolis caídos.

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Verdadera biografía de Claudino

Texto publicado en ÇhøpSuëy el 15 de octubre de 2014

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Ramón Gómez de la Serna escribió las mejores biografías que se han escrito nunca en nuestro idioma con su divina verborrea y unas pocas anécdotas de las personas a las que quería homenajear en sus libros. En realidad eran autobiografías simuladas, ya que Ramón hablaba siempre sobre él, un poco como hacemos todos, solo que el madrileño batió el récord del mundo al hacerlo a lo largo de los millones de libros que escribió. Por otro lado, las revistas del corazón más clásicas, como Heart and Lung, Qué me dices!, JAHA o la Maribel que usaba la madre-cloaca de Martín del Castillo como Crítica de la razón pura, se inventan prácticamente todo lo que dicen de las personas que salen en sus páginas; se podrían escribir delirantes biografías de cualquier famoso con datos sacados de ese tipo de publicaciones. Luego, y en el fondo quizá no tan lejanas a las anteriores, están las biografías serias que se marcan tranquilamente capítulos de treinta y siete páginas en los que únicamente se analizan las carcomidas facturas de la leña y de pigmento verde que pagó El Greco en octubre de 1604, encontradas por el autor en un archivo de Benalmádena. En fin, no sabemos nada de nadie; ya lo decía Cristina Lliso: Así que le hablé de mí mientras bailaba, de lo poco que sé de mí.

Con estas excusas de arriba me parece que escribir una biografía de mi vecino Claudino contando solamente tres anécdotas de su vida, en las que además él no es más que un figurante…

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